domingo, 20 de junio de 2010

Una estafa tras otra


El profesor Juan Torres López sienta cátedra en el artículo que reproduzco a continuación. No podemos exhibir únicamente indignación frente a lo que pasa. Sólo cesarán en su empeño de seguir estafándonos cuando les demostremos que somos más y mejores.

"La Real Academia Española de la Lengua define de dos modos el verbo estafar. Como pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños y con ánimo de no pagar, y, en sentido jurídico, como cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio. Por eso yo creo que el término de estafa es lo que mejor describe lo que han hecho continuadamente los bancos, los grandes especuladores y la inmensa mayoría de los líderes y las autoridades mundiales antes y durante la crisis que padecemos. Los Estados le dieron a los bancos privados el privilegio de crear dinero emitiendo deuda con la excusa de que eso era necesario para financiar la actividad de las empresas y los consumidores. Pero en los últimos treinta años, la banca internacional multiplicó la deuda para financiar los mercados especulativos y para ganar dinero simplemente comprando y vendiendo más dinero, y no para financiar a la economía productiva. Esta es la primera estafa. Para disponer de recursos adicionales a los que le depositaban sus clientes, la banca ideó formas de vender los contratos de deuda y los difundió por todo el sistema financiero internacional. Pero al hacerlo, ocultaba que millones de esos contratos no tenían las garantías mínimas y que al menor problema perderían todo su valor, como efectivamente ocurrió. Actuando de esa forma y tratando de elevar cada vez más la rentabilidad de sus operaciones, la banca fue asumiendo un riesgo cada vez mayor que ocultaba a sus clientes y a las autoridades y que transmitiía al conjunto de la economía. Esta es la segunda estafa. Para llevar a cabo esas estafas, la banca recurrió a las agencias de calificación que actuaron como sus cómplices corruptos engañando sistemáticamente a clientes y autoridades indicando que la calidad de esos productos financieros era buena cuando en realidad sabían que lno era así y que, por el contrario, se estaba difundiendo un riesgo elevadísimo porque eran, como se demostró más adelante, pura basura financiera. Esta es la tercera estafa. Los grandes financieros consiguieron que los bancos centrales fueran declarados autoridades independientes de los gobiernos con la excusa de que éstos podían utilizarlos a su antojo y de que así era mejor para lograr que no subieran sus precios. Sin embargo, lo que ocurrió fue que con ese estatuto de independientes los bancos centrales se pusieron al servicio de los bancos privados y de los especuladores, mirando a otro lado ante sus desmanes. Y asi, en lugar de combatir la inflación permitieron que se diera la subida de precios de la vivienda quizá más alta de toda la historia y constantes burbujas especulativas en numerosos mercados. Y lejos de conseguir la estabilidad financiera lo cierto fue que durante su mandato independiente también hubo el mayor número de crisis financieras de toda la historia. Esta es la cuarta estafa. Para generar fondos suficientes para invertir en los mercados especulativos cada vez más rentables, los bancos y grandes financieros lograron, con la excusa de que eso era lo conveniente para luchar contra la inflación, que los gobiernos llevaran a cabo políticas que redujeran los salarios y aumentaran así los beneficios (que en su mayor parte van a ahorro en lugar de al consumo como le pasa a los salarios), y la progresiva privatización de las pensiones y de los servicios públicos. Esta es la quinta estafa. Cuando el riesgo acumulado de esa forma estalló y se desencadenó la crisis, los bancos y los poderosos lograron que los gobiernos, en lugar de dejar caer a los bancos irresponsables, de encarcelar a sus directivos y a los de las agencias de calificación que provocaron la crisis, les dieran o prestaran a bajísimo interés varios billones de dólares y euros de ayudas con la excusa de que así volverían enseguida a financiar a la economía. Pero en lugar de hacer esto último los bancos y grandes financieros usaron esos recursos públicos para sanear sus cuentas, para volver a tener enseguida beneficios o para especular en mercados como el del petróleo o el alimentario, provocando nuevos problemas o que en 2009 hubiera 100 millones de personas hambrientas más que en 2008. Esta es la sexta estafa. Los gobiernos tuvieron que gastar cientos de miles de millones de dólares o euros para evitar que la economía se colapsara y para ayudar a la banca. Como consecuencia de ello tuvieron que endeudarse. Como los bancos centrales están dominados por ideas liberales profundamente equivocadas y al servicio de la banca privada, no financiaron adecuadamente a los gobiernos, como sí habían hecho con los bancos privados, y eso hizo que tuvieran que ser los bancos privados quienes financiaran su deuda. Así, éstos últimos recibían dinero al 1% de los bancos centrales y lo colocan en la deuda pública al 3, al 4 o incluso al 8 o 10%. Esta es la séptima estafa. Como los bancos y grandes financieros no se quedaron contentos con ese negocio impresionante, se dedicaron a propagar rumores sobre la situación de los países que se habían tenido que endeudar por su culpa. Eso fue lo que hizo que los gobiernos tuvieran que emitir la deuda más cara, aumentando así el beneficio de los especuladores y poniendo en grandes dificultades a las economías nacionales. Esta es la octava estafa. Los gobiernos quedaron así atados de pies y manos ante los bancos y los grandes fondos de inversión y, gracias a su poder en los organismos internacionales, en los medios de comunicación y en las propias instituciones políticas como la Unión Europea, han aprovechado la ocasión para imponer medidas que a medio y largo plazo les permitan obtener beneficios todavía mayores y más fácilmente: reducción del gasto público para fomentar los negocios privados, reformas laborales para disminuir el poder de negociación de los trabajadores y sus salarios, privatización de las pensiones, etc... Afirman que así se combate la crisis pero en realidad lo que van a producir es todo lo contrario porque es inevitable que con esas medidas caiga aún más la actividad económica y el empleo porque lo que hacen es disminuir el gasto productivo y el combustible que los sostiene. Esta es la novena estafa. Desde que la crisis se mostró con todo su peligro y extensión, las autoridades e incluso los líderes conservadores anunciaron que estaban completamente decididos a poner fin a las irresponsabilidades de la banca y al descontrol que la había provocado, que acabarían con el secreto bancario, con los paraísos fiscales y con la desregulación que viene permitiendo que los financieros hagan cualquier cosa y que acumulen riesgo sin límite con tal de ganar dinero... Pero lo cierto es que no han tomado ni una sola medida, ni una sola, en esa dirección. Esta es la décima estafa. Mientras está pasando todo esto, los gobiernos, esclavos o cómplices de los poderes financieros, no han parado de exigirle esfuerzos y sacrificios a la ciudadanía mientras que a los ricos y a los bancos y financieros que provocaron la crisis no les han dado sino ayudas constantes y todo tipo de facilidades para que sigan haciendo exactamente lo mismo que la provocó. Gracias a ello, éstos últimos están obteniendo de nuevo cientos de miles de millones de euros de beneficios mientras que cae la renta de los trabajadores, de los jubilados o de los pequeños y medianos empresarios. Esta es la undécima estafa. Mientras que constantemente vemos que los presidentes de gobiernos reciben instrucciones del Fondo Monetario Internacional, de las agencias de calificación, de los banqueros o de la gran patronal, la ciudadanía no puede expresarse y se le dice que todo lo que está ocurriendo es inexorable y que lo que ellos hacen es lo único que se puede hacer para salir de atolladero. Esta es la duodécima estafa. Finalmente, se quiere hacer creer a la gente que la situación de crisis en la que estamos es el resultado de un simple o momentáneo mal funcionamiento de las estructuras financieras o incluso económicas y que se podrá salir de ella haciendo unas cuantas reformas laborales o financieras. Nos engañan porque en realidad realidad vivimos desde hace decenios en medio de una convulsión social permanente que afecta a todo el sistema social. La verdad es que cada vez hay un mayor número de seres humanos hambrientos y más diferencias entre los auténticamente ricos y los pobres, que se acelera la destrucción del planeta, que los medios de comunicación están cada vez en propiedad de menos personas, que la democracia existente apenas deja que la ciudadanía se pronuncie o influya sobre los asuntos más decisivos que le afectan y que los poderosos se empeñan en imponer los valores del individualismo y la violencia a toda la humanidad. Esta es la decimotercera estafa. Lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo a lo largo es la crisis es esto, una sucesión de estafas y por eso no se podrá salir de ella hasta que la ciudadanía no se imponga a los estafadores impidiendo que sigan engañándola, hasta que no les obligue a dar cuentas de sus fechorías financieras y hasta que no evite definitivamente que sigan comportándose como hasta ahora".


Papá cuéntame otra vez



Ellos perdieron la partida. ¿Y nosotros?, ¿ni siquiera la jugaremos?

jueves, 3 de junio de 2010

Carta de un funcionario a su banco

Carta de un funcionario a su banco:

Muy señores míos: Por la presente lamento comunicarles que he decidido pagar un 5% menos en el recibo mensual de la hipoteca que tengo con su banco. Ha sido una decisión difícil, muy difícil y dolorosa, pero me es imprescindible recortar gastos para salvar mi economía particular y reducir mi déficit. En situaciones como ésta es cuando todos debemos arrimar el hombro por lo que les pido comprensión y solidaridad. Al fin y al cabo yo, como el resto de ciudadanos, colaboré en su día en la inyección de liquidez que recibieron ustedes para salvar el sistema financiero.

En realidad me he visto forzado a tomar esta decisión porque mis padres, al ver el saldo de mi cuenta corriente, temen verse en la obligación de dejarme dinero y ustedes, como banqueros que son, saben mejor que nadie que no tiene sentido poner capital si no es para conseguir pingües beneficios. Me he informado y sé que es lícito tomar este tipo de decisiones de forma unilateral y sin previa negociación (Hay precedentes, ver declaraciones del Presidente del Gobierno en el parlamento el pasado 12 de mayo). Aprovecho la ocasión para comunicarles que ya dispongo de suficientes sartenes y no necesito que me regalen ninguna más.
Atentamente, Un funcionari@ hipotecad@.

jueves, 13 de mayo de 2010

Un mensaje diferente



Tres opiniones que se alejan del discurso único, martilleante y omnipresente en los medios, sobre el recorte del déficit como medida ineludible para superar la crisis:
Por favor, difunde estos mensajes alternativos entre tus amigos, conocidos, compañeros de trabajo... Sólo así lograremos contrarrestar el efecto narcotizante del pensamiento único.

domingo, 25 de abril de 2010

Música para gente interesante

Para los nostágicos un medley de canciones de los 60.
Entonces, algunos pensaron que se alumbraba un mundo nuevo, un mundo de ciudadanos libres y en paz. Quien sabe si ahora vivimos momentos similares. Era un niño muy pequeño en aquella época y tal vez sea injusto en mis apreciaciones. Es posible que algo cambiara pero tengo la impresión de que, en lo sustancial, triunfaron los de siempre. Al menos quedó el mensaje de que se puede intentar retar a los poderosos. De aquel pulso desigual nacieron estas preciosas canciones.

viernes, 12 de marzo de 2010

45

Un amigo bastante cabrón me dijo una vez que los cuarenta y tantos es esa edad en la que ya no eres joven pero tampoco estás muerto.
Prefiero ser más optimista.
Quién sabe si lo mejor está por llegar.




Espero sentir la mima emoción con esta canción más adelante, cuando cumpla tantos como los protagonistas de este vídeo.

jueves, 25 de febrero de 2010

¿Es el déficit el problema o la solución?

Paul Krugman, tácticas de intimidación fiscal: Porque el hecho es que, gracias a la histeria con el déficit, Washington ha equivocado completamente sus prioridades: solamente se habla de cómo rebajar el gasto gubernamental en unos miles de millones de dólares, mientras que apenas hay voluntad alguna de hacer frente al paro masivo. La política va por mal camino, y millones de estadounidenses pagarán la factura.

Vicenç Navarro, los errores de la políticas liberales: El mayor problema que tienen España y Europa no es el déficit o la deuda pública, sino el desempleo y las enormes desigualdades de renta, consecuencia de las políticas liberales realizadas en los últimos 30 años, que han creado un enorme problema de falta de demanda interna.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Razonablemente tolerante

No tolero a los racistas
No tolero a los fascistas
No tolero a los ingenuos
No tolero a los escépticos
No tolero a los que pasan de puntillas
No tolero a los que siempre pisan fuerte
No tolero la estupidez
No tolero a los que toleran la estupidez
No tolero a los equidistantes
No tolero a los fundamentalistas
No tolero a los sumisos
No tolero a los inconscientes
No tolero a los ignorantes
No tolero a los sabiondos
No tolero a los que no quieren aprender
No tolero a los explotadores
No tolero a los obreros de derechas
No tolero a los de la tercera vía
No tolero a los corruptos
No tolero a los corruptores
No tolero a los que justifican a los corruptos y a los corruptores
No tolero a los especuladores
No tolero a los tramposos
No tolero a los que justifican a los especuladores y a los tramposos
No tolero a los banqueros
No tolero a los meapilas
No tolero a los adivinos
No tolero a los agoreros
No tolero a los paranoicos
No tolero a los mansos
No tolero a los salvajes
No tolero a los insensibles
No tolero a los despreocupados
No tolero a los manipuladores
No tolero a los que permiten ser manipulados
No tolero a los que se venden
No tolero a los que lo compran todo
No tolero a los que siempre callan
No tolero a los que nunca escuchan
No tolero a los que siempre hablan
No tolero a los que etiquetan
No tolero a los que no se mojan
No tolero a los groseros
No tolero a los remilgados
No tolero a los violentos
No tolero a los resignados
No tolero a los que no toleran nada
No tolero a los que lo toleran todo

Habrá, seguro, muchas otras cosas que no tolero pero por hoy, ya me he quedado a gusto.
Y ¿tú? ¿hay algo que no toleres?

Música para gente interesante

Anni B Sweet "LaLaLa"

martes, 16 de febrero de 2010

Las cuatro patas del sistema

El actual sistema económico se sostiene en la actividad de cuatro grupos de actores principales con papeles bien definidos. Esos papeles deben cambiar si queremos construir un mundo más justo.

El primer grupo lo conforman los especuladores. Especular es en una de las acepciones que recoge la RAE, "Procurar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil". Es lo que han venido haciendo en los últimos tiempos, un buen número de entidades financieras e inversores aprovechando una burbuja especulativa que no respondía a la lógica del mercado. Stiglitz, afirma que habría que quemarlos. Recientemente, se nos ha hecho creer que mantienen un pulso con los gobiernos pero en realidad los gobiernos han sido cómplices de los especuladores todos estos años.

Y es que los los gobiernos (los conseguidores) son la segunda pata que sostiene el tinglado. No han hecho nada por recuperar esa lógica de los mercados sino que han contribuido con sus decisiones a inflar la burbuja especulativa. Piensan que una ilusión de riqueza compartida por la mayoría, ayuda a ganar elecciones. Esos gobiernos, han permitido, además, que el sistema financiero, se gestione a través de bancos centrales supuestamente independientes pero que se han puesto al servicio de los especuladores. Cómo explicar si no, que su principal objetivo, elevado a la categoría de misión sagrada, sea controlar la inflación para eliminar la principal variable de incertidumbre en los mal llamados mercados financieros, y no la creación de empleo, que se supone es el objetivo que en mayor medida beneficia al conjunto de la sociedad.

El tercer grupo de colaboradores necesarios del sistema lo forman los propagandistas. Son un conjunto de medios de comunicación, grupos de presión y doctos académicos (negocionomistas) que se han encargado de justificar la perversa lógica de un sistema que ha enriquecido a una minoría a costa del endeudamiento desmesurado y la pérdida progresiva de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Y, por último, la cuarta pata, la forman los consentidores, los que permiten que se haga algo pudiendo y debiendo estorbarlo. Somos todos nosotros. Los que por miedo, ignorancia, egoísmo o simple gilipollez hemos tolerado los desmanes. Y seguimos haciéndolo a pesar de lo que ha llovido desde que estalló la crisis. Así que dejamos que los lobos sigan cuidando el rebaño y permitimos, además, que nos aleccionen sobre lo que mejor conviene para preservar su bienestar. E incluso, estamos dispuestos a legitimarlos con nuestro voto en futuras elecciones.

De modo que los que reclaman soluciones simplemente tienen que pensar en un nuevo reparto de papeles. El protagonismo principal deben asumirlo los que ahora consienten. Somos mayoría. El sistema debe estar a nuestro servicio. Los demás actores no van a moverse de sus actuales posiciones.

O nos ponemos las pilas y comenzamos a movilizarnos o nos comerá el lobo.

Música para gente interesante

Jamie Cullum "Don´t Stop The Music", actuación en el programa de Buenafuente

miércoles, 10 de febrero de 2010

¿Recuperación? No, gracias. TRANSFORMACIÓN

Si recuperar es en la primera acepción que recoge la RAE "Volver a tomar o adquirir lo que antes se tenía" que no cuenten conmigo para la recuperación económica.
No me parece una buena idea reproducir el escenario que existía antes de la crisis.
Yo creía que lo de refundar el capitalismo significaría otra cosa. Que este desastre era una clara manifestación del fracaso del sistema y que nadie en su sano juicio iba a plantearse retornar a él.
Cuánta ingenuidad. Ahora sé que todo lo que se ha hecho desde que estalló la burbuja especulativa ha ido dirigido a restablecer el estado de cosas anterior. Nadie con un mínimo de poder e influencia ha pensado seriamente en cambiar algo.
La esperanza que para la mayoría representó Obama sirvió para aplacar los primeros deseos de cambio. Todos pensamos que vendría un nuevo tiempo de justicia global.
Pero nos topamos con un multimillonario plan de rescate sin contrapartidas para salvar el culo de los pirómanos que habían incendiado la economía, mientras que los verdaderamente afectados por la crisis, los trabajadores, perdían sus casas y sus empleos sin que nadie acudiese en su auxilio con generosas donaciones de fondos públicos.
Los que defendían las ideas económicas que nos han llevado al desastre siguen impartiendo doctrina, planteando las mismas recetas de recortes de derechos laborales y prestaciones sociales y control del déficit que se han demostrado ineficaces, y, lo que es peor, continuan al frente del tinglado.
Incluso pretenden aprovechar la crisis para dar una nueva vuelta de tuerca y herir de muerte el estado del bienestar.
Los rescatados con el dinero que hubiera servido para ayudar a los que más lo necesitaban, sacan pecho de nuevo y se permiten presionar a los estados que acudieron en su ayuda para exigirles políticas de ajuste que sirvan para proteger sus inversiones especulativas.
Afirman con descarado cinismo, que sólo hay una opción, que no existe alternativa, y, paradójicamente, saldremos adelante sólo si se aplican las mismas recetas que provocaron la hecatombe.
El déficit público es el nuevo anatema. El peligro que hay que conjurar a toda costa aunque nadie habló de él cuando se rescataba a los bancos. Preocupa ahora sobremanera el sobreendeudamiento de los estados y nunca preocupó antes de que estallara la crisis, el sobreendeudamiento de las clases medias y bajas, favorecido por las facilidades crediticias que irresponsablemente promovían las entidades financieras y las políticas monetarias neoliberales.
Lo que me empieza a resultar insufrible es el estado de letargo y de apatía de la mayor parte de la población. Comprendo que en estado de shock es difícil actuar y movilizarse, pero la dimensión de la tomadura de pelo es de tal calibre que sólo un nivel de estupidez colectiva descomunal puede justificar tanta resignación y aborregamiento.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Bienestar vs Crecimiento

El credo económico dominante tiene como dogma (y como tal, se sostiene en la fe y no en la evidencia de los hechos) que el crecimiento del PIB es la medida fundamental del éxito de cualquier política económica. Es el objetivo fundamental al que deben subordinarse todos los demás. Sobran los matices. Según la ortodoxia económica, el crecimiento del PIB producirá por si sólo efectos positivos para el conjunto de la sociedad.

Pero lo cierto es que si introducimos criterios de eficiencia o de coste en términos monetarios, políticos o sociales, el dogma se resquebraja. Las afirmaciones que se hacen a continuación forman parte de la ideología liberal que tiene su expresión más clara en el denominado Consenso de Washington con su letanía de privatización, desregulación y recortes o se apoyan en la evidencia estadística o empírica.

Para los defensores de la doctrina del crecimiento resulta irrelevante que el crecimiento del PIB aumente las desigualdades entre ciudadanos del mismo país o condene a la pobreza a la mayor parte de la población del planeta.
No importa que suponga la destrucción del medio ambiente y comprometa la supervivencia de generaciones futuras.
Es baladí que en aras del crecimiento se cuestionen derechos sociales y que la educación o la sanidad públicas se pongan en peligro por recortes en su financiación.
No es cuestionable que aumente la precariedad laboral y la inseguridad de los trabajadores y disminuya su poder adquisitivo.
Resulta intrascendente que el crecimiento se haga a costa de un consumismo irresponsable impulsado por el endeudamiento descontrolado de las clase medias y bajas.
No es significativo que conlleve una concentración empresarial que comprometa la independencia de los estados o la calidad democrática en la toma de decisiones políticas, intensificada, además, por procesos de privatización que suponen de hecho el traspaso de servicios estratégicos a monopolios privados.
No merece consideración que el crecimiento se apoye en el desarrollo desmesurado de ciertos sectores, espoleado por la esperanza de enormes beneficios a corto plazo, como el sector inmobiliario en connivencia o en alianza con el sector financiero (burbujas especulativas), en perjuicio de la necesaria diversificación sectorial o productiva que atenúe los riesgos derivados de caídas en la demanda.

Más desigualdad y pobreza, deterioro medioambiental, recorte de derechos y prestaciones sociales, menor estabilidad y creciente inseguridad en el empleo, reducción de la capacidad adquisitiva y endeudamiento desorbitado de las clases medias y bajas, influencia creciente de las corporaciones y pérdida de calidad democrática en las decisiones políticas, hipertrofia del sector financiero, y pérdida de importancia de la economía productiva en el tejido económico....

En lo que si ha sido verdaderamente eficaz el neoliberalismo, es en conseguir un aumento importante de los beneficios y las tasas de ganancias del capital. De hecho surgió en lo años ochenta del pasado siglo como una reacción frente a la disminución progresiva de los beneficios empresariales en las décadas anteriores.

Por qué, entonces, es inexistente o muy débil la oposición social al dogma del crecimiento.
Varios son los factores que lo explican.
El primero es la práctica adhesión de las izquierdas de la mayor parte de las democracias occidentales y a partir, fundamentalmente, de la caída del muro de Berlín, al credo económico liberal dominante, y que ha tenido su máxima expresión en la llamada tercera vía del laborismo británico. Esta pérdida de identidad de las izquierdas es la que motiva, por otra parte, que las opciones políticas conservadoras sigan manteniendo o incluso amplíen sus cuotas de poder en un escenario de crisis provocado precisamente por la aplicación de los principios económicos e ideológicos que siempre han defendido.
El segundo, la falsa sensación de mayor riqueza que las amplias facilidades crediticias favorecidas por bajos tipos de interés han provocado en numerosas capas de la población. Esa ilusión de riqueza intensificada por la promoción de la cultura consumista y el individualismo, ha hecho menos reconocible la creciente pérdida de poder adquisitivo y progresiva disminución de derechos que esas capas poblacionales han sufrido.
Y el tercero, la práctica ausencia de voces disidentes de la ortodoxia económica en los medios de comunicación social más influyentes, controlados, en su mayoría, por las grandes corporaciones empresariales, en contraste con la abrumadora presencia de sus defensores.

La caída del muro de Berlín supuso para las derechas la aniquilación de la lucha de clases el fin de la historia. Sin embargo, la gran recesión que sufrimos actualmente, y que constata básicamente el fracaso de las políticas neoliberales, no ha provocado un cuestionamiento radical de las mismas. Antes al contrario se ha intentado salvaguardar el funcionamiento del sistema protegiendo a los causantes del desastre con rescates multimillonarios. Siguen vigentes las mismas consideraciones negativas que se hacían antes de la crisis sobre el aumento del déficit o el gasto públicos y continúan teniendo especial resonancia las voces favorables a los recortes de derechos sociales y laborales. Todo ello en un escenario radicalmente diferente al que existía antes de la crisis y que exigiría también , por tanto, soluciones diferentes.

Y es que resulta evidente que si no se genera una respuesta ciudadana contundente frente a la actual situación, nada va a cambiar.

Sólo caben dos alternativas: esperar que la crisis termine por aniquilar a las clases más desprotegidas y a lo que queda de las clases medias o pasar a la acción y evitar con protestas masivas y mensajes claros de la ciudadanía a los gobernantes, que se culmine el desmantelamiento del estado del bienestar que tanto anhelan los poderosos.

lunes, 1 de febrero de 2010

Ciudadanía e Identidad

Ciudadanía

Integra
Pemite Avanzar
Mira al Futuro
Se centra en las Personas
Apela a la Razón
Comparte Valores Universales

Identidad

Excluye
Produce Ensimismamiento
Mira al Pasado
Se centra en los Territorios
Apela a los Sentimientos
Fomenta los Valores de la Tribu

domingo, 31 de enero de 2010

Putos domingos

Me duele.
Y sigo cansado y solo.
En este puto domingo
de nostalgia indeseada.
Será la inminente llegada del lunes
con su carga ineludible de rutina.
O la desazón por haber perdido el sábado,
lastrado por la resaca de otro viernes
de marcha vacía.
Y me resisto a hacer cosas tan sólo para evitar pensar.
Y decido escapar y cojo las llaves del coche
pero salir, no me apetece.
Huyo. Y reconocerlo hace que todo resulte una farsa.
Y no quiero ser un farsante. Y no salgo.
Y me recuesto en el sofá y me agarro
como última esperanza de redención
al mando de la tele.
Y me visitan los fantasmas del pasado
y las dudas sobre el futuro.
Y no quiero reconocer que me siento solo.
Y hasta finjo que me interesa la mierda de película que miro.
Y sueño. Y lloro.
Y sigo cansado y solo.
Y mientras esta estúpida ceremonia se adueña del tiempo,
el día se apaga lentamente.
Y el puto domingo se marcha inexorable.
Y me duele.

Yesmen

En la moderna ciencia del management se denomina "yesmen" a los trabajadores que se limitan a seguir las instrucciones de sus jefes o sus empresas sin cuestionarse ninguna decisión, tomar iniciativas o aportar posibles mejoras. Claro que no todos los yesmen son iguales. Después de algunos años de experiencia he podido construir este cuadro de tipologías:

1.- El lameculos (assholekisserman). El tradicional pelota. Conocedor de sus limitaciones, el lameculos se pasa la vida intentando agradar al jefe para conseguir sus favores. Muchos logran sus objetivos y alcanzan puestos de relevancia en la organización.

2.- El simplón (simplemindman). A este le da igual ocho que ochenta. El trabajo es puramente alimenticio. Hace lo que le piden y al final de la jornada desconecta con facilidad pasmosa y se va a casa libre de turbadores pensamientos. Suelen despertar un extraño sentimiento de complicidad en sus jefes.

3.- El desencantado (nowayman). El excombatiente. Antaño, un entusiasta defensor de causas pérdidas se ha convertido en un simplón, aunque revestido de cierta amargura y resentimiento. De cuando en cuando sufre brotes de su antiguo furor incendiario pero la llama se apaga pronto.

4.- El realista (familyman). Le gustaría quejarse, protestar, defender con más vehemencia sus derechos, pero tiene una familia que mantener y una hipoteca que pesa como una losa o... al revés.

5.- El riguroso (honourman). Un profesional como la copa de un pino. El cumplimiento del deber, su deber, es su guía. Le preocupa dar ejemplo, su ejemplo. Un tipo serio y responsable, metódico y tenaz, aunque nada creativo e incapacitado para innovar.

6.- El parásito (suckingman). Vive del cuento. Sus virtudes más reconocidas son su habilidad para el escaqueo y su maestría traspasando marrones. Como el lameculos, suele prosperar en la empresa.

Podemos divertirnos encasillando a nuestros jefes y compañeros en alguna de estas tipologías. Resulta un ejercicio sencillo y reparador. Pero las risas cesan si intentamos catalogarnos a nosotros mismos. Entonces aparecen los matices y las zonas grises. Surgen las justificaciones y las excusas. Y un cierto regusto amargo se apodera de nuestra conciencia.
No existen los puros de espíritu que nunca desfallecen, siempre valientes, íntegros, firmes ante la injusticia e insobornables material o emocionalmente.
No es la pretensión de este artículo, fustigar a los yesmen. Es más, la mayoría son héroes anónimos que a lo largo de los siglos han contribuído al sostenimiento de este tinglado.
La pregunta es si nos gusta ese tinglado, si queremos mantenerlo tal cual está. Podemos intentar cambiar lo que tenemos más cerca. Hallaremos complicidades que no imaginábamos. Y se endulzarán de nuevo nuestras almas.

Humildemente tocapelotas

Alguien dijo que hay dos clases de personas, las que preguntan por qué y las que jamás preguntan nada.
Claramente las primeras, incomodan al poder mucho más que las segundas.
Muchos adultos se zafan del agobiante acoso de un niño preguntón con respuestas terminantes como "porque sí" o "porque lo digo yo, ¡coño!". El niño preguntón pronto descubre que calladito está más guapo y que la vida resulta mucho menos complicada, si deja que otros piensen por él.
En tiempos no tan remotos, los gobernantes fueron igual de sutiles que esos adultos abusones y apelaron a la fuerza o a una supuesta superioridad moral para sacudirse a los molestos preguntones tocapelotas. Más tarde, cuando decayó el glamour de las hogueras, idearon otros sistemas más sofisticados y crearon opinión acaparando medios de comunicación y forjando ideólogos a sueldo, a los que revestían de un aparente rigor intelectual.
Hoy ganan por goleada los que nunca preguntan.
Vivimos en un mundo en el que unos pocos gestionan las causas y una masa acrítica y resignada padece los efectos. Esa masa se comporta como el niño adaptado al que le arrebataron el ansia por conocer.
Fue Goethe el que afirmó que "no existe peor esclavitud que la de aquellos que se creen libres sin serlo".
Los poderosos, previo generoso reconocimiento de que algunas causas producen consecuencias indeseadas, permiten a algunos espíritus rebeldes gestionar esos efectos y hacerle un favorecedor lifting al sistema. La enfermedad persiste, pero el paciente agoniza guapo y aparentemente rejuvenecido. Se genera la ilusión del cambio pero en esencia todo sigue igual.
Pensemos en las políticas de la ONU para el desarrollo. Son un conjunto de medidas paliativas que no remueven las causas del subdesarrollo sino se limitan a aliviar el sufrimiento que producen. Innumerables ONGs actúan con parecida filosofía. Acuden en ayuda de los más necesitados pero se declaran apolíticas.
El discurso sobre los derechos humanos repite este esquema. Amnistía Internacional, por ejemplo, denuncia su incumplimiento sistemático o contribuye a que no se produzcan violaciones concretas de los mismos pero no se interroga sobre las causas que impiden su aplicación universal. Si se implicasen políticamente perderían libertad de acción y probablemente no podrían seguir desarrollando su labor. Pero su conformismo los convierte en cómplices involuntarios del sistema.
La Iglesia es especialista en gestionar efectos. Lo que ocurre es que a diferencia de la ONU o las ONGs conoce el funcionamiento de este tinglado y se aprovecha de él. Construye argumentos de fe y de autoridad para controlar las conciencias, y mientras su jerarquía se autoproclama portadora de la verdad revelada y la pone al servicio de los poderosos, un ejército de fieles bienintencionados reparte sopa boba en los conventos. Los que osan ir más allá y defienden la opción de la iglesia por los pobres, son excomulgados o severamente reprendidos.
Hay, sin embargo, esperanza. La humanidad siempre ha avanzado poniendo en solfa los valores aceptados acríticamente.
La principal contribución que modestamente podemos realizar para seguir avanzando es no dejar de preguntar. Seguir siendo unos tocapelotas.

¿Por qué lo llaman amor...?

daños colaterales = matanza indiscriminada de civiles
guerra contra el terrorismo = coartada para recortar derechos civiles
tercera vía = socialismo para ricos
sospechoso de terrorismo = 42 días en el limbo jurídico
mejorar la competitividad = jornada de 65 horas
recuperar el centro = cambiar de estrategia hasta llegar al poder
liberalización económica = barra libre para los especuladores
intervencionismo estatal = freno a la libertada de mercado si favorece a los pobres
intervencionismo estatal = mal menor si protege a los ricos

Otra economía es posible

Bienestar vs Crecimiento
Mercados reales vs Especulación
Planificación vs Cortoplacismo
Control vs Desregulación
Inversión pública vs Déficit Cero
Estado vs Corporaciones
Protección social vs Recortes de derechos
Consumo responsable vs Consumismo
Responsabilidad vs Impunidad
Transparencia vs Opacidad