jueves, 25 de febrero de 2010

¿Es el déficit el problema o la solución?

Paul Krugman, tácticas de intimidación fiscal: Porque el hecho es que, gracias a la histeria con el déficit, Washington ha equivocado completamente sus prioridades: solamente se habla de cómo rebajar el gasto gubernamental en unos miles de millones de dólares, mientras que apenas hay voluntad alguna de hacer frente al paro masivo. La política va por mal camino, y millones de estadounidenses pagarán la factura.

Vicenç Navarro, los errores de la políticas liberales: El mayor problema que tienen España y Europa no es el déficit o la deuda pública, sino el desempleo y las enormes desigualdades de renta, consecuencia de las políticas liberales realizadas en los últimos 30 años, que han creado un enorme problema de falta de demanda interna.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Razonablemente tolerante

No tolero a los racistas
No tolero a los fascistas
No tolero a los ingenuos
No tolero a los escépticos
No tolero a los que pasan de puntillas
No tolero a los que siempre pisan fuerte
No tolero la estupidez
No tolero a los que toleran la estupidez
No tolero a los equidistantes
No tolero a los fundamentalistas
No tolero a los sumisos
No tolero a los inconscientes
No tolero a los ignorantes
No tolero a los sabiondos
No tolero a los que no quieren aprender
No tolero a los explotadores
No tolero a los obreros de derechas
No tolero a los de la tercera vía
No tolero a los corruptos
No tolero a los corruptores
No tolero a los que justifican a los corruptos y a los corruptores
No tolero a los especuladores
No tolero a los tramposos
No tolero a los que justifican a los especuladores y a los tramposos
No tolero a los banqueros
No tolero a los meapilas
No tolero a los adivinos
No tolero a los agoreros
No tolero a los paranoicos
No tolero a los mansos
No tolero a los salvajes
No tolero a los insensibles
No tolero a los despreocupados
No tolero a los manipuladores
No tolero a los que permiten ser manipulados
No tolero a los que se venden
No tolero a los que lo compran todo
No tolero a los que siempre callan
No tolero a los que nunca escuchan
No tolero a los que siempre hablan
No tolero a los que etiquetan
No tolero a los que no se mojan
No tolero a los groseros
No tolero a los remilgados
No tolero a los violentos
No tolero a los resignados
No tolero a los que no toleran nada
No tolero a los que lo toleran todo

Habrá, seguro, muchas otras cosas que no tolero pero por hoy, ya me he quedado a gusto.
Y ¿tú? ¿hay algo que no toleres?

Música para gente interesante

Anni B Sweet "LaLaLa"

martes, 16 de febrero de 2010

Las cuatro patas del sistema

El actual sistema económico se sostiene en la actividad de cuatro grupos de actores principales con papeles bien definidos. Esos papeles deben cambiar si queremos construir un mundo más justo.

El primer grupo lo conforman los especuladores. Especular es en una de las acepciones que recoge la RAE, "Procurar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil". Es lo que han venido haciendo en los últimos tiempos, un buen número de entidades financieras e inversores aprovechando una burbuja especulativa que no respondía a la lógica del mercado. Stiglitz, afirma que habría que quemarlos. Recientemente, se nos ha hecho creer que mantienen un pulso con los gobiernos pero en realidad los gobiernos han sido cómplices de los especuladores todos estos años.

Y es que los los gobiernos (los conseguidores) son la segunda pata que sostiene el tinglado. No han hecho nada por recuperar esa lógica de los mercados sino que han contribuido con sus decisiones a inflar la burbuja especulativa. Piensan que una ilusión de riqueza compartida por la mayoría, ayuda a ganar elecciones. Esos gobiernos, han permitido, además, que el sistema financiero, se gestione a través de bancos centrales supuestamente independientes pero que se han puesto al servicio de los especuladores. Cómo explicar si no, que su principal objetivo, elevado a la categoría de misión sagrada, sea controlar la inflación para eliminar la principal variable de incertidumbre en los mal llamados mercados financieros, y no la creación de empleo, que se supone es el objetivo que en mayor medida beneficia al conjunto de la sociedad.

El tercer grupo de colaboradores necesarios del sistema lo forman los propagandistas. Son un conjunto de medios de comunicación, grupos de presión y doctos académicos (negocionomistas) que se han encargado de justificar la perversa lógica de un sistema que ha enriquecido a una minoría a costa del endeudamiento desmesurado y la pérdida progresiva de poder adquisitivo de las clases medias y bajas.

Y, por último, la cuarta pata, la forman los consentidores, los que permiten que se haga algo pudiendo y debiendo estorbarlo. Somos todos nosotros. Los que por miedo, ignorancia, egoísmo o simple gilipollez hemos tolerado los desmanes. Y seguimos haciéndolo a pesar de lo que ha llovido desde que estalló la crisis. Así que dejamos que los lobos sigan cuidando el rebaño y permitimos, además, que nos aleccionen sobre lo que mejor conviene para preservar su bienestar. E incluso, estamos dispuestos a legitimarlos con nuestro voto en futuras elecciones.

De modo que los que reclaman soluciones simplemente tienen que pensar en un nuevo reparto de papeles. El protagonismo principal deben asumirlo los que ahora consienten. Somos mayoría. El sistema debe estar a nuestro servicio. Los demás actores no van a moverse de sus actuales posiciones.

O nos ponemos las pilas y comenzamos a movilizarnos o nos comerá el lobo.

Música para gente interesante

Jamie Cullum "Don´t Stop The Music", actuación en el programa de Buenafuente

miércoles, 10 de febrero de 2010

¿Recuperación? No, gracias. TRANSFORMACIÓN

Si recuperar es en la primera acepción que recoge la RAE "Volver a tomar o adquirir lo que antes se tenía" que no cuenten conmigo para la recuperación económica.
No me parece una buena idea reproducir el escenario que existía antes de la crisis.
Yo creía que lo de refundar el capitalismo significaría otra cosa. Que este desastre era una clara manifestación del fracaso del sistema y que nadie en su sano juicio iba a plantearse retornar a él.
Cuánta ingenuidad. Ahora sé que todo lo que se ha hecho desde que estalló la burbuja especulativa ha ido dirigido a restablecer el estado de cosas anterior. Nadie con un mínimo de poder e influencia ha pensado seriamente en cambiar algo.
La esperanza que para la mayoría representó Obama sirvió para aplacar los primeros deseos de cambio. Todos pensamos que vendría un nuevo tiempo de justicia global.
Pero nos topamos con un multimillonario plan de rescate sin contrapartidas para salvar el culo de los pirómanos que habían incendiado la economía, mientras que los verdaderamente afectados por la crisis, los trabajadores, perdían sus casas y sus empleos sin que nadie acudiese en su auxilio con generosas donaciones de fondos públicos.
Los que defendían las ideas económicas que nos han llevado al desastre siguen impartiendo doctrina, planteando las mismas recetas de recortes de derechos laborales y prestaciones sociales y control del déficit que se han demostrado ineficaces, y, lo que es peor, continuan al frente del tinglado.
Incluso pretenden aprovechar la crisis para dar una nueva vuelta de tuerca y herir de muerte el estado del bienestar.
Los rescatados con el dinero que hubiera servido para ayudar a los que más lo necesitaban, sacan pecho de nuevo y se permiten presionar a los estados que acudieron en su ayuda para exigirles políticas de ajuste que sirvan para proteger sus inversiones especulativas.
Afirman con descarado cinismo, que sólo hay una opción, que no existe alternativa, y, paradójicamente, saldremos adelante sólo si se aplican las mismas recetas que provocaron la hecatombe.
El déficit público es el nuevo anatema. El peligro que hay que conjurar a toda costa aunque nadie habló de él cuando se rescataba a los bancos. Preocupa ahora sobremanera el sobreendeudamiento de los estados y nunca preocupó antes de que estallara la crisis, el sobreendeudamiento de las clases medias y bajas, favorecido por las facilidades crediticias que irresponsablemente promovían las entidades financieras y las políticas monetarias neoliberales.
Lo que me empieza a resultar insufrible es el estado de letargo y de apatía de la mayor parte de la población. Comprendo que en estado de shock es difícil actuar y movilizarse, pero la dimensión de la tomadura de pelo es de tal calibre que sólo un nivel de estupidez colectiva descomunal puede justificar tanta resignación y aborregamiento.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Bienestar vs Crecimiento

El credo económico dominante tiene como dogma (y como tal, se sostiene en la fe y no en la evidencia de los hechos) que el crecimiento del PIB es la medida fundamental del éxito de cualquier política económica. Es el objetivo fundamental al que deben subordinarse todos los demás. Sobran los matices. Según la ortodoxia económica, el crecimiento del PIB producirá por si sólo efectos positivos para el conjunto de la sociedad.

Pero lo cierto es que si introducimos criterios de eficiencia o de coste en términos monetarios, políticos o sociales, el dogma se resquebraja. Las afirmaciones que se hacen a continuación forman parte de la ideología liberal que tiene su expresión más clara en el denominado Consenso de Washington con su letanía de privatización, desregulación y recortes o se apoyan en la evidencia estadística o empírica.

Para los defensores de la doctrina del crecimiento resulta irrelevante que el crecimiento del PIB aumente las desigualdades entre ciudadanos del mismo país o condene a la pobreza a la mayor parte de la población del planeta.
No importa que suponga la destrucción del medio ambiente y comprometa la supervivencia de generaciones futuras.
Es baladí que en aras del crecimiento se cuestionen derechos sociales y que la educación o la sanidad públicas se pongan en peligro por recortes en su financiación.
No es cuestionable que aumente la precariedad laboral y la inseguridad de los trabajadores y disminuya su poder adquisitivo.
Resulta intrascendente que el crecimiento se haga a costa de un consumismo irresponsable impulsado por el endeudamiento descontrolado de las clase medias y bajas.
No es significativo que conlleve una concentración empresarial que comprometa la independencia de los estados o la calidad democrática en la toma de decisiones políticas, intensificada, además, por procesos de privatización que suponen de hecho el traspaso de servicios estratégicos a monopolios privados.
No merece consideración que el crecimiento se apoye en el desarrollo desmesurado de ciertos sectores, espoleado por la esperanza de enormes beneficios a corto plazo, como el sector inmobiliario en connivencia o en alianza con el sector financiero (burbujas especulativas), en perjuicio de la necesaria diversificación sectorial o productiva que atenúe los riesgos derivados de caídas en la demanda.

Más desigualdad y pobreza, deterioro medioambiental, recorte de derechos y prestaciones sociales, menor estabilidad y creciente inseguridad en el empleo, reducción de la capacidad adquisitiva y endeudamiento desorbitado de las clases medias y bajas, influencia creciente de las corporaciones y pérdida de calidad democrática en las decisiones políticas, hipertrofia del sector financiero, y pérdida de importancia de la economía productiva en el tejido económico....

En lo que si ha sido verdaderamente eficaz el neoliberalismo, es en conseguir un aumento importante de los beneficios y las tasas de ganancias del capital. De hecho surgió en lo años ochenta del pasado siglo como una reacción frente a la disminución progresiva de los beneficios empresariales en las décadas anteriores.

Por qué, entonces, es inexistente o muy débil la oposición social al dogma del crecimiento.
Varios son los factores que lo explican.
El primero es la práctica adhesión de las izquierdas de la mayor parte de las democracias occidentales y a partir, fundamentalmente, de la caída del muro de Berlín, al credo económico liberal dominante, y que ha tenido su máxima expresión en la llamada tercera vía del laborismo británico. Esta pérdida de identidad de las izquierdas es la que motiva, por otra parte, que las opciones políticas conservadoras sigan manteniendo o incluso amplíen sus cuotas de poder en un escenario de crisis provocado precisamente por la aplicación de los principios económicos e ideológicos que siempre han defendido.
El segundo, la falsa sensación de mayor riqueza que las amplias facilidades crediticias favorecidas por bajos tipos de interés han provocado en numerosas capas de la población. Esa ilusión de riqueza intensificada por la promoción de la cultura consumista y el individualismo, ha hecho menos reconocible la creciente pérdida de poder adquisitivo y progresiva disminución de derechos que esas capas poblacionales han sufrido.
Y el tercero, la práctica ausencia de voces disidentes de la ortodoxia económica en los medios de comunicación social más influyentes, controlados, en su mayoría, por las grandes corporaciones empresariales, en contraste con la abrumadora presencia de sus defensores.

La caída del muro de Berlín supuso para las derechas la aniquilación de la lucha de clases el fin de la historia. Sin embargo, la gran recesión que sufrimos actualmente, y que constata básicamente el fracaso de las políticas neoliberales, no ha provocado un cuestionamiento radical de las mismas. Antes al contrario se ha intentado salvaguardar el funcionamiento del sistema protegiendo a los causantes del desastre con rescates multimillonarios. Siguen vigentes las mismas consideraciones negativas que se hacían antes de la crisis sobre el aumento del déficit o el gasto públicos y continúan teniendo especial resonancia las voces favorables a los recortes de derechos sociales y laborales. Todo ello en un escenario radicalmente diferente al que existía antes de la crisis y que exigiría también , por tanto, soluciones diferentes.

Y es que resulta evidente que si no se genera una respuesta ciudadana contundente frente a la actual situación, nada va a cambiar.

Sólo caben dos alternativas: esperar que la crisis termine por aniquilar a las clases más desprotegidas y a lo que queda de las clases medias o pasar a la acción y evitar con protestas masivas y mensajes claros de la ciudadanía a los gobernantes, que se culmine el desmantelamiento del estado del bienestar que tanto anhelan los poderosos.

lunes, 1 de febrero de 2010

Ciudadanía e Identidad

Ciudadanía

Integra
Pemite Avanzar
Mira al Futuro
Se centra en las Personas
Apela a la Razón
Comparte Valores Universales

Identidad

Excluye
Produce Ensimismamiento
Mira al Pasado
Se centra en los Territorios
Apela a los Sentimientos
Fomenta los Valores de la Tribu